Volvemos para España.
Hoy, día 7 de junio de 2016, dejamos por la popa el continente americano apuntando con la punta del bauprés hacia España. Atrás dejamos momentos únicos, paisajes inimaginables y gentes de buen corazón.
Antes de empezar a contaros como serán nuestros próximos días quiero relataros las experiencias vividas, durante seis días de puerto, conociendo las ciudades de Nueva York y Washington.
Los primeros cuatro días de estancia en puerto los pasamos en Nueva York, durmiendo una media de cinco horas diarias y “pateando” la ciudad el resto del tiempo; pero créanme, merece la pena.
Nueva York es la capital del mundo, una ciudad en la que uno ve cosas que jamás pensó que existieran. Como anécdota a esta afirmación quiero contar una experiencia vivida el primer día que llegamos a la ciudad: nada más alcanzar Nueva York dejamos nuestras pertenencias en un hotel y cogimos el metro en dirección a la famosa calle “Times Square”. Imagínense salir de la tenue luz de las galerías del metro de Nueva York y ver esa cantidad de pantallas cargadas de material publicitario que llegan a ocupar dos calles… Créanme que un joven de pueblo como yo jamás pensó que todo eso existiera.
¿Por qué capital del mundo? Por sus edificios como el Empire State, el cual tuvimos la ocasión de visitar; el puente de Brooklyn; el central Park o la famosa estatua de la libertad que tanto sentimiento desprende. Tal y como podéis comprobar, no perdimos el tiempo en ningún momento.
Después de haber visto el museo de los atentados del 11 de Septiembre y de poder imaginarse desde el terreno la magnitud de aquella desgracia, quiero hacer un reconocimiento a todas las personas que perdieron allí la vida, a todas las que colaboraron en la restauración de aquel amasijo de escombros. En definitiva, al pueblo americano.
Personalmente considero que es durísimo contemplar el museo del 11S: los vídeos, testimonios, fotos, materiales de las torres... hacen que uno llegue a emocionarse. Yo recuerdo perfectamente el día del atentado: estábamos en casa de Camuchi desmontando la carroza del día del “Mozucu” y en el momento en el que nos llamó para contárnoslo, nos sentamos todos delante de la tele a observar aquella desgracia. Recuerdo como Francisco, en aquel sofá, la catalogó como el inicio de la Tercera Guerra Mundial.
A día de hoy, habiendo estado en el lugar de los hechos, todavía me cuesta creer lo que allí pasó y, más aún, cómo junto a lo que fueron los cimientos de las torres gemelas resurge un increíble rascacielos (el más alto de Nueva York) que demuestra el orgullo de cómo el pueblo americano se repuso de tal desgracia.
Al pueblo americano: mi más absoluto respeto.
También me gustaría contar que uno de los días de nuestra estancia en esta ciudad salimos vestidos de militares, siendo este el mayor orgullo del mundo. Es increíble como el pueblo americano agradece y valora tu servicio. “Gracias por su servicio” era la frase que siempre escuchábamos de la boca de cantidad de gente, pero no solo eran palabras, sino hechos: te invitan a comer, a beber; te regalan entradas a museos, edificios emblemáticos; te permiten saltarte colas para entrar a cualquier cosa… En fin, otro reconocimiento al pueblo americano por su patriotismo. Ese patriotismo que tiene todo americano sea republicano o demócrata.
Para acabar esta pequeña descripción de Nueva York os exhorto a todos a que paséis unos días aquí y disfrutéis del conjunto de cosas que esconde este lugar que yo considero capital del mundo.
Sin embargo, esta no fue nuestra única escapada, ya que pudimos hacer una visita organizada por el barco a Washington. Aunque fue bastante fugaz pudimos ver la Casa Blanca, el Capitolio, el monumento a Corea, el monumento a los fallecidos en la Segunda Guerra Mundial, el monumento a Washington, el cementerio de todos los caídos en la Segunda Guerra mundial... Todo en esta ciudad es también increíble, pero lo que más te hace emocionar es observar la cantidad de tumbas en las que se reflejan los nombres de millones de personas que, combatiendo contra los nazis, perdieron su vida. A toda esa gente, a todos esos héroes que hicieron que hoy vivamos en países libres de elegir su futuro, les brindo mi más absoluto respeto y admiración.
Para resumir nuestra estancia en las ciudades de Nueva York y Washington me gustaría esclarecer que han sido dos grandes destinos en los cuales hemos pasado grandes ratos y donde hemos visto cosas inimaginables para una mente como la mía. Espero volver en algún otro momento. Incluso se habla que el próximo año, sobre estas fechas, tocaremos el puerto de Nueva York ¡esperemos que así sea!
Ahora da comienzo una travesía larga de 27 días donde, según parece, tropezaremos con alguna fuerte tormenta y muchas nieblas. Esperemos que la fuerza de la dotación, la experiencia marinera de este viejo barco y la protección de la Santísima Virgen del Carmen nos lleve a buen puerto.
Hoy os voy a hablar de mis compañeros del pañol. Ellos son Miguel (ya os he hablado de él), Sebastián (también sabéis de él cuando conté el día que recibió una condecoración), Merlo, Monti y Fer.
Merlo esta comisionado en el Cano para este crucero, aunque ya lo había estado antes, concretamente estaba en el palo mesana con Don Germán cuando este era el contramaestre de este palo. Merlo es un chaval fenómeno, con un carácter muy bonancible, un gran trabajador y habilidoso en el curro. Yo he aprendido mucho de él y espero que se anime a venir al siguiente crucero.
Después esta Monteagudo o Monti, como todos lo llamamos. Este es un tío con una paciencia y un carácter envidiable: desde que estoy embarcado nunca he visto a Monti enfadarse. Además es un tío currante, lo que hace que desee con todas las ganas que apruebe a suboficial y pueda, con su mente abierta, mejorar cosillas de la Armada.
Para acabar está Fernando que, si Dios quiere y el segundo comandante también, claro está nos abandonará este siguiente crucero para estudiar e intentar aprobar para guardia civil. Espero que tenga suerte porque Fer se merece todo lo bueno que la Armada pueda darle, pues es un trabajador ejemplar y muy buen compañero y maestro. Asimismo, espero con ansia verlo prestando servicio a España desde el benemérito cuerpo de la guardia civil.
Para acabar me encomiendo a la Santísima virgen del Carmen para que nos acompañe en esta larga travesía por aguas del Atlántico.
Servicio Sacrificio y Buena Proa.