martes, 23 de agosto de 2016

Cada uno tiene un placer que lo arrastra



Trahit sua quemque voluptas… cada uno tiene un placer que le arrastra.
Así es, cada uno tiene un placer que le arrastra y hoy cuando es 20 de agosto de 2016, este que escribe es arrastrado por el sabor del salitre en los labios; por los cielos estrellados en medio del océano; por las increíbles puestas de sol; por los animales marinos más peculiares del mundo… En fin, soy arrastrado por la mar y, como no, por el orgullo y satisfacción de servir a mi país, España, y toda la gente honrada que lo forman.
Atrás han quedado unos días de permiso donde he podido disfrutar de uno de mis grandes tesoros: mi pueblo. Un tesoro compuesto por vecinos, amigos, paisajes, nuevas amistades… de los que he disfrutado enormemente y con los que he compartido experiencias y alguna que otra preocupación. Agradezco todo el cariño que me habéis brindado. Asimismo, no puedo olvidarme de dar las gracias a mis padres, a güelita, a las Titas, a mis tíos y primos, a mis amigos del pueblo, a mis amigos de la Cruz Roja, al grupo de trajes regionales de Trasierra, a Pichu, a Isabel la del barrio, a Don Antonio, a Beni, a Chucho, a Joaquín, a Miguel y a cantidad de gente, para quienes no tendría suficientes hojas para nombrarlos en este blog.
Pero al igual que agradezco los días de permiso, estos últimos he sentido la necesidad de salir de tanta reunión, de sentir el perfume de la mar y pisar la cubierta de un buque, dado que ni el cuerpo ni la mente olvida lo que somos: Marinos al Servicio de España.
Quiero agradecer enormemente a mi hermano Alberto, a Paula, la mejor novia que mi hermano podría tener, y a mi prima Ana María que vinieran a despedirme a Cádiz. Siempre digo que no hay nada con más valor que el abrazo de un ser querido y mucho más en un momento emotivo donde los sentimientos del deber se enfrentan a las devociones. Gracias.
Siempre me gusta hacer memoria y recordar cuando leía en todos los cuarteles, ya fuera de la Guardia Civil o de las fuerzas Armadas, esa frase que dice “todo por la patria” y lo consideraba una exageración. Pues bien, no lo es. Cuando uno decide entrar al servicio de España, sabe que da todo por ella. Sabe que abandonas los amores, dejas solos a tus padres, dejas los bienes del mundo, te alejas de tus amistades y pierdes la oportunidad de asentarte, de tener una vida de menos trasiegos y aventuras. Pero con el tiempo, eres consciente que en la patria encuentras tus amores, tus padres, los bienes del mundo, las amistades, la calma... y, sobre todo, la empatía con uno mismo.
No quiero que nadie piense que al servir a España olvidas lo que eres. Para nada. Siempre intento no olvidar lo que soy, de dónde vengo y no hay mejor ejercicio para ello que recrearme contando historias de mi pueblo, de mi familia y de mis amigos a mis compañeros de armas.
Me gustaría agradecer a Monti (anterior compañero de pañol) y a Barea (compañero de la escuela de Ferrol) haber venido a nuestra despedida. Deseándoles, también, suerte en su nueva andadura como sargentos de Marina. Gracias y ¡suerte!
Me despido de esta primera redacción del LXXXVIII crucero de instrucción, con el aparejo de cuchillo (toques, cangrejos y stays) en demanda de las costas de Portugal para recalar en Lisboa y encomendándome a la Santísima Virgen de los Remedios para que disponga de mí en esta próxima aventura.
Servicio Sacrificio y buena proa

3 comentarios:

  1. eres muy grande David muchos besos lourdes y Damian

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  2. Mucha suerte David, la vas a tener, te la mereces. Dentro de nada te tenemos otra vez por aquí.Un abrazo

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  3. Es un orgullo ser tu paisana y vecina David.
    Nos emocionas con tus escritos.
    Sigue disfrutando de tu viaje y sigue con esa alegría que te caracteriza.
    Un fuerte abrazo y feliz singladura!!!!

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