Hoy puedo decir que un Tolano estuvo en la NASA.
Han pasado dos semanas desde que no cuento las experiencias que nos está ofreciendo el buque escuela “Juan Sebastian de Elcano”. Después de abandonar el bonito país de Cuba, tuvimos dos días de navegación antes de entrar en la más que lujosa ciudad de Miami.
La entrada a esta ciudad es inimaginable para una mente como la mía que nunca ha vivido entre grandes lujos: las increíbles penínsulas repletas de mansiones extraordinarias con yates, de todos los gustos y tamaños, atracados a los muelles de las mismas; los vehículos lujosos que circulan por la ciudad… En definitiva, Miami es el mayor “club de ricos que jamás pensé que podría ver. Aquí, cuando vas andando por las calles de Miami Beach, lo realmente extraño es ver un coche “normal”, pues solamente te encuentras con Ferrarys, Porches, Camaros, Mercedes, Lamborginis… (Cuanto disfrutaría mi amigo Fernando viendo la cantidad de Ferrarys que tiene esta ciudad)
En fin, una ciudad fuera de lo normal en la cual tengo claro que, si fuera multimillonario, no vendría a vivir ya que hay sitios mucho más increíbles que esto. Pero como siempre escucho decir a mi padre: “el dinero llama al dinero”. Lo que tienen bien aprendido la cantidad de famosos y gente rica que hay aquí.
Como yo no tengo dinero como para pagar por una cerveza entre 17 y 20€, decidí pasar solamente un día en la ciudad de Miami (suficiente para apreciar el estilo de vida) y alquilar un coche para recorrer el estado de Florida, que eso sí que es una preciosidad. Pude transitar las islas del sur de Florida, conocidas como los caños, y pude visitar Cabo Cañaveral y la estación de la NASA.
Todas estas visitas fueron un acierto, pues todo es una preciosidad: tanto las islas del sur, compuestas por pequeños islotes repletos de maleza y con casas modestas que resurgen de entre la misma; los embarcaderos con sus barquitos, a los que se llegan por un pequeño sendero; como la costa del Cabo Cañaveral y la NASA allí situada. .
Para resumir este puerto, pienso que Miami es una ciudad lujosa más que bonita. Una ciudad que impresiona pero que únicamente enamora a aquellas personas que tienen como único fin vivir entre grandes lujos materiales.
Otra reflexión que me gustaría hacer es el tremendo contraste que hay entre dos ciudades situadas a 90 millas: La Habana y Miami. No hay duda que uno aprende viajando, pero también el conocimiento hace que te surjan muchas más dudas y curiosidades con difícil solución. Espero que algún día estas ciudades estén más unidas, pues los vínculos que tienen son enormes.
Por lo demás, la vida en el barco sigue parecida. No recordé contar en anteriores redacciones que el ministro de exteriores, Margallo, estuvo de visita en el barco durante la escala en Cuba y presenció la misa a bordo.
Hoy, que es sábado, se está realizando la carrera “24 horas” de Elcano, que consiste en que la dotación, voluntariamente, se apunta a correr 10 minutos cada uno. Así se está corriendo día y noche hasta completar 24 horas e intentar batir el récord de kilómetros de otros cruceros. Este tipo de actividades a mí personalmente me agradan mucho, ya que es una diversión muy sana. Yo he tenido ocasión de correr y de colaborar un poco en la actividad, lo que uno puede después de tres días de duro trabajo y de muy pocas horas de sueño.
Otra novedad de esta semana es que he tenido la ocasión, junto a cuatro compañeros más, de compartir comida con el comandante. Estas comidas entran dentro de las intenciones del comandante de conocernos a todos un poco más. Yo, siendo sinceros, como más a gusto comiendo con mi bandeja inoxidable y mis humildes compañeros en el comedor de marinería, pero eso no quita que me resulten muy interesantes las comidas con el comandante. Así podemos tener un contacto más cercano, dado que generalmente las distancias entre el comandante y un marinero son eternas. Espero poder compartir más momentos así, ya que Don Victoriano parece un buen hombre, diplomático y culto.
Para ir terminando hoy os voy a hablar de Miguel Sancho, que es mi compañero en el pañol. Miguel me ha acompañado desde la escuela, ya que somos curso (expresión cariñosa para referirse a un compañero de promoción) y hemos compartido muchos momentos buenos y también alguno durillo. Hay veces que riño con él, aunque son broncas de esas que catalogaría como de madre. Broncas en las que riñes sabiendo que es por el bien de ambos y que en cuestión de minutos se ha pasado. Miguel es una persona noble, con una virtud que en muchas ocasiones le cuesta sus disgustos y es que dice lo que piensa sin más tapujos. Hoy, Miguel junto a Andro (compañero de escuela del que ya os hablaré), son las personas de las que más agradecido estoy, por la amistad que me han demostrado durante este último año desde que ingresáramos en la escuela de Ferrol hace ya casi un año.
Para resumir Sancho es un buen amigo.
A tres días de entrar en la ciudad de Baltimore me despido encomendándome a la Santísima virgen de los Remedios reina y madre de Ruiloba.
Servicio Sacrificio y buena proa.