viernes, 8 de abril de 2016
Tierra a la vista
Hoy es 3 de abril y nos encontramos fondeados enfrente de la ciudad de Fortaleza. Atrás hemos dejado una semana intensa, dónde los cuerpos han empezado a sufrir el cansancio.
Como os comenté el pasado miércoles, celebramos el paso del ecuador. En verdad no pude disfrutar mucho de este día, ya que las guardias me lo impidieron. Es más, pasé el ecuador haciendo las funciones de Guindola, que consiste en estar a popa e ir observando que no haya un hombre al agua, al igual que no seamos alcanzados por otros barcos. Lo que sé me hicieron fue el bautizo del paso del ecuador, que radica en que todos los que pasan por primera vez sean metidos en un bidón con la mezcla más asquerosa que puedas ver.
Después, se le rasura algo de pelo (en mi caso el pecho) y, posteriormente, se da un trago de alcohol. Otra de las cosas que se hace es intercambiar galones, es decir, que un marinero se puede poner los de un oficial y viceversa.
Esto resulta muy divertido porque empleando el humor por encima de todo, nos limitamos unos a otros. Yo intercambié los galones con el alférez de navío Santamaria, del que ya os hablaré en otro momento.
Para acabar la ceremonia se entrega un diploma conmemorativo que dice así:
“YO NEPTUNO, REY DE LOS OCEANOS, MARES Y PIÉLAGOS, CERTIFICO QUE SIENDO LAS 11:19Z DEL MIÉRCOLES 30 DE MARZO DE 2016, EL MRO. MNM D.DAVID GONZALEZ CAVIEDES, A BORDO DEL BUQUE ESCUELA JUAN SEBANTIAN DE ELCANO, CRUZÓ EL ECUADOR A VELA CORTANDO EL MERIDIANO DE 033° 30'9 W EN DEMANDA DE LAS COSTAS BRASILEÑAS. POR LO QUE, ORDENO A TODOS LOS BICHOS MARINOS VIVIENTES QUE LE CONSIDEREN COMPAÑERO Y RECONOZCAN COMO CABALLERO INSTRUIDO EN LOS INSONDABLES MISTERIOS DE LA VIEJA ORDEN DE LA MAR”.
Ayer fue sábado 2 de abril y fue el día en que pudimos ver por primera vez tierra desde que hace ya casi un mes saliéramos de las Islas Canarias rumbo a Brasil.
El barco organiza un premio en honor a Rodrigo de Triana, primer marino en avistar tierra americana con Colón. Así que, a lo largo de todo el día, la gente se asomaba continuamente para tratar de llevarse el premio.
Todo el mundo deseoso de cantar tierra a la vista y este humilde servidor, al igual que en el paso del ecuador, me encontraba montando en Guindola. Esta vez la suerte me sonrió. Fui el primero en ver tierra y, por tanto, fui el ganador del premio Rodrigo de Triana. Eran exactamente las 16:38 cuando este cántabro, al que siempre le ha costado salir de su pueblo, veía las Américas por primera vez.
Para mí fue un orgullo ser el primero en ver tierra y más cuando todos bromeaban en el barco y decían que el año que viene el premio tenía que llamarse David de Cantabria. Si es cierto lo que dicen por aquí, saldrá mi nombre en la revista de defensa.
Para acabar esta redacción unas horas antes de pisar tierra americana por primera vez, agradezco a la santísima Virgen de los Remedios que nos protegiera en esta larga travesía, y muestro mi tremenda satisfacción personal de haber cruzado el Atlántico a vela.
Servicio Sacrificio y buena proa
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