jueves, 7 de abril de 2016

Jueves santo


En un lugar en medio del océano Atlántico, dónde por mucho que desees todo discurre según el capricho del viento, quiero enviar fuerzas a todos los familiares de las víctimas de los atentados de Bélgica. Quiero que sepan que aquí, en medio del océano, hay un barco que ondea su bandera a media asta y hay una dotación que, sin saber muy bien como sucedió debido a que la información del exterior es escasa, sienten una profunda pena por lo ocurrido. Pido a la Virgen de los Remedios que os acoja y os de consuelo.

Ayer fue Jueves Santo y se celebró una misa dónde un grupo de elegidos de todas las escalas, desde el comandante hasta mi (el más pelón de la armada), formamos parte del conjunto de personas a quienes nos lavaron los pies, recordando la ultima cena de Jesucristo con sus apóstoles, con su posterior lavatorio de los mismos.

Hoy es Viernes Santo en el barco y el día se ha considerado que sea festivo. Se suele decir que no hay cosa más falsa que un día festivo en elcano, pues siempre salen trabajos que realizar. Para hacer honor a ese dicho, hoy no he podido asistir a la misa ni al vía crucis, ya que estuve bastante liado.

Quiero hablaros de mi amigo y compañero Miguel. No lo hago porque crea que él no sabe lo que opino sobre él, sino porque es de justicia reconocer ciertos méritos después de que haya tenido un percance que le hiciera pasar un mal día.

Miguel es un chaval fenómeno, con buen corazón. Característica que demuestra siempre que se enfada con nosotros y al rato vuelve como si no hubiese pasado nada. Es un tío currante y habilidoso en el trabajo. Hay algunas veces que discutimos, pero me siento orgulloso de tener cerca un gran compañero y amigo. Sigue así "orejas", estás haciendo un gran trabajo.

Para acabar me despido encomendándome a la santísima Virgen del Rosario para que nos proteja.

Servicio Sacrificio y buena proa

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