jueves, 7 de abril de 2016

Semana santa


Cerca ya de las islas de cabo verde seguimos adentrados en esta bonita aventura. Hoy arranca la semana santa y, para celebrar el Domingo de Ramos, hemos realizado una pequeña procesión por cubierta, para posteriormente acudir a misa. Me vienen a la mente recuerdos de Semana Santa en mi pueblo. No obstante, también tengo muy buenos recuerdos de la de Sevilla que tanto disfruté con mi tío Hugo, al que mando un abrazo enorme. Espero disfrutar de estos días igual que lo hacía en tierra firme.

Para ir corrigiendo el huso horario ya hemos hecho dos cambios de hora.  En un primer momento realizamos el de Canarias y después hicimos otro. Cuando en España son las 14:30, en esta embajada flotante son las 12:30.

Estos cambios de hora nos hacen pasar algún rato de risas, como anoche. Sergio, mi paisano, se presentó a hacer el relevo a las tres de la mañana, en vez de a las cuatro Al ver que la había cagado dijo que se había “desvelado”, pero las carcajadas de todos al verlo con el arnés y la gorra puestas dispuesto a relevar, hicieron que reconociera su fallo. Sin duda alguna, mi paisano es un fenómeno.

Seguimos montándonos nuestros conciertillos en el pañol. Unos días cantamos, otros tocamos el pitu montañés, otro las castañuelas… Hasta mi amigo y compañero de la escuela, Fran, se está aprendiendo una canción con la flauta para cantarla un día en karaoke.

Me gustaría mencionar en este diario un gesto que tuvo un caballero con mi amigo Alex y conmigo. Todas las noches, después del alba, se compacta toda la basura que produce el barco. Esto es un auténtico marrón, ya que primero tienes que abrir las bolsas y separar los materiales, para después meterlos en una compactadora que de bien la vendría un arreglo. Como venía diciendo, este chaval no dudó un momento en ponerse unos guantes y ponerse a separar la basura. Este gesto hace que uno se sienta agradecido, dado que muchas veces un gesto dice más que mil palabras. Siempre he creído en esa frase que dice: “no digas que oficio corresponde a ese hombre, sino que hombre le corresponde a ese oficio”. Pues dicho esto, este joven será un buen oficial.


Casi todos los días después de comer, procuro sacar un rato para hacer deporte. En el barco tenemos cuatro bicicletas estáticas y unas pocas de pesas, pero son suficientes para poder ejercitar el cuerpo. También, se reservan dos horas al día para correr por cubierta. Eso sí, hay que correr con mucho ojo pues con los constantes pantocazos del barco resulta fácil sufrir un traspiés.

Me encomiendo a la santísima Virgen de la Barquera para que me guíe en esta semana.

Servicio Sacrificio y buena proa.

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